
Los brutales vientos invernales amortiguan el bosque siberiano. Los árboles altos anhelan el regreso del verano, por más corto que sea. Pero en la base de varios baúles desnudos, notas de amor invisibles llaman a un posible compañero. Las fragantes misivas son secreciones dejadas por el ciervo almizclero macho. Los colmillos largos le dan al macho una apariencia demoníaca, pero también juegan un papel en el ritual de apareamiento: armas en la pelea con rivales por el amor de la hembra. El sueño de una pareja sostiene al ciervo almizclero solitario mientras busca restos de líquenes y musgo entre raíces frías y estériles. Durante siglos, el ciervo almizclero ha sido cazado hasta casi la extinción, codiciado por sus fragantes vainas de almizcle. El zoólogo respeta a esta majestuosa criatura, recreando magistralmente el aroma distintivo a través de una mezcla de almizcles sintéticos y oud y flores naturales. El resultado evoca, el deseo animal de un ciervo almizclero lujurioso en medio del fascinante frío de un bosque invernal, todo capturado sin una pizca de amenaza.