
Una venerable capilla romana en el sur de Italia o un monasterio perdido en las perfumadas colinas de Grecia ... Aquí, el tiempo no tiene importancia. Solo hay eternidad. Sobre las frías losas, desgastadas con un pulido satinado a lo largo de los siglos, la caricia ardiente del verano mediterráneo exalta un amor infinito, casi sagrado. Suspendió en el aire un perfume de misticismo y misterio, insinuando una fiebre tórrida, casi violenta. Incienso, olibanum y mirra, aromas inmemoriales para toda la pasión impetuosa, listos para la comunión.