
Año 1930; un transatlántico con destino a Saigón. En la cubierta superior, las mujeres pasean ataviadas con vestidos de noche y cigarreras en la mano mientras la orquesta toca en el salón. De sus recuerdos de infancia, Yves Coueslant conservó sonidos y fragancias: el humo del tabaco suave elevándose en volutas y mezclándose con el olor polvoriento del maquillaje.